En Madrid coincidían cuatro conciertos de marcado interés en la misma semana de septiembre, en 1994, y a alguien se le ocurrió llamarlo Wicked Week 94, a pesar de que no tenían relación entre sí ni había facilidades para asistir a los cuatro como si fuera un festival, por ejemplo.
Félix Suárez fue el afortunado que cubrió esas visitas de Gang Starr, Bad Religion, Dinosaur Jr. y Lush. Mercè Dauder y Juan Sala hicieron las fotos, pero de los mismos conciertos en Barcelona.
Siempre con una idea escondida en la manga para cualquier fecha conmemorativa, Rockdelux aprovechó en noviembre de 1994 y celebró su décimo aniversario como revista reduciendo su sección de discos a 10 novedades revisadas con el espacio que merecían. Y es que no eran discos cualquiera; más bien muy esperados, para bien o para mal: segundos álbumes de El Inquilino Comunista, Massive Attack o Suede; debuts de Portishead y Oasis; y retornos de figuras más o menos consagradas en el olimpo alternativo como R.E.M., Public Enemy, Steve Albini al frente de Shellac, Bob Mould al frente de Sugar y J Mascis al frente de Dinosaur Jr.
Blast First, el sello que Paul Smith creó porque a mediados de los ochenta porque nadie quería publicar a Sonic Youth en Gran Breataña, revisado (es un decir) a tres bandas: Thurston Moore, J Mascis de Dinosaur Jr. y Gibby Haynes de Butthole Surfers aprovechan la publicación de un disco que recopilaba los primeros años de actividad de la discográfica para comentar, en realidad, lo que les apetece, en una charla que Ted Mico narra con regusto informal y en un momento en el que las tres bandas que cobijaban a sus representantes estaban en plena transición, a punto de marcharse a probar otras cosas (en el caso de Moore y Mascis, las discográficas multinacionales por primera vez).
De rebote, el anuncio de la apertura de la nueva Sala Bikini en la tercera página.
Hace unos días hablaba de esta edición del festival con alguien, y me comentaba que había estado allí; el año de la catástrofe. Yo, en cambio, soñaba desde casa, pendiente de todo lo que se retransmitía por Radio 3 en el primer verano que escuchaba la emisora por mi cuenta. Cintas de cassette vírgenes o listas para ser borradas para grabar los conciertos de los que conocía: Echobelly, Suede, Veruca Salt, Blur... Tenía listas las portadas para las cajas antes de que empezaran y todo, algo que nunca se debería hacer: la jornada del domingo, el viento imparable y las fuertísimas lluvias eran tan peligrosas que tuvo que suspenderse lo que quedaba de festival (aún recuerdo las imágenes emitidas por Sputnik del momento en el que a Urusei Yatsura, que aguantaron como unos campeones, se les vino el escenario encima). La narración de los hechos por Radio 3 era realmente triste.
César Macondo cubre lo sucedido en los escenarios Maravillas y Maraworld (el año también de Dinosaur Jr., The Divine Comedy, The Bluetones, El Niño Gusano o Nosoträsh), Félix Suárez los conciertos de la carpa Galax-Nitsa (Autechre, Silvania, Coldcut...) y, por último, Xavier Cervantes hace una crónica de la noche del desastre sin escatimar detalles.
Cuando tenía nueve años, me compraron mi primer Rockdelux, el Especial nº100. Lo pedí porque salía una pequeña foto de Madonna en la portada; no hace falta que diga que dentro no había más que una foto de su concierto en Barcelona en 1990 y basta. Identifiqué a R.E.M., Prince, Bowie y a The Sugarcubes, cosas que ya sonaban a veces en casa. En el resto de páginas me perdí entre un montón de nombres que no podían decirme nada. Dos años después, me compré un par de números más por las portadas: Björk y PJ Harvey, artistas que me empezaban a entusiasmar y que hicieron de puente para que se abrieran mis perspectivas y conociera mucha más música a la que fui teniendo acceso como una pequeña hormiga en los tiempos pre-internet. Ese afán voraz por descubrir y conocer, me llevó a la búsqueda de discos descatalogados de grupos indies nacionales e internacionales que ya habían desaparecido (qué ilusión cuando los encontrabas todavía perdidos en alguna tienda, o cuando estaban listados en algún catálogo de venta por correo) y, hasta día de hoy, a buscar números atrasados de revistas como la misma Rockdelux, Ruta 66, Spiral o Factory, intentando empaparme de una época a la que llegué tarde y que me fascina. Entrevistas, reseñas de conciertos, artículos que hacían referencia al estado de la naciente escena musical indie del país... Mucho por leer y disfrutar. Y acordándome de lo difícil que lo tuve al no existir una hemeroteca decente en mi ciudad natal, voy a compartir aquí selecciones que personalmente encuentre significativas de todas esas publicaciones. Nostalgia, como decía una canción de El Regalo de Silvia.